Cultureta de pacotilla

El rincón cultural cotidiano

Por miedo a perderte

edward_hooper

Ha caído la noche y caminas ligera, deprisa, casi corriendo. La noche es fresca y solo piensas en llegar a casa para olvidar esa horrorosa tarde de cine con tu amiga. Vas mirando al suelo, ausente, inerte ante los acontecimientos que te rodean. Inconsciente sigues el camino de siempre, no modificas, no cambias por miedo a perderte en la frondosidad. Llevas años viviendo en el mismo lugar pero siempre escoges el mismo sendero por miedo a perderte. Por miedo a perderte nunca has salido del lugar en el que naciste. Por miedo a perderte.

Por miedo a perderte siempre has dejado de lado cuestiones intrínsecas al ser humano. Por miedo a perderte nunca has querido ver más allá de la amistad. Por miedo a perderte has hecho escasa tu vida. Y mientras caminas hacia casa te planteas porqué tienes miedo a perderte. No te abres, no te das a conocer, te encierras en tu caparazón, creas tu barrera, por miedo a perderte.

Estás a punto de entrar a casa pensando que, un vez más, has completado tu día sin perderte. Pero de pronto alguien pronuncia tu nombre, en el porche de tu casa, cuando ya no tenías miedo a perderte. Es él, quien en el silencio, en la sombra, en la penumbra pronuncia tu nombre. En las noche frías pronuncia tu nombre sin temor, con osadía, con valentía. Pero tú, con tu miedo a perderte, nunca has reparado en él. Ese chico que te anhela, te espera; digno y respetable. Admirable. El que pronuncia tu nombre.

Te agarra, suave y tierno con sus manos aterciopeladas y pronuncia tu nombre. Tienes miedo a perderte. A perderte en la puerta de tu casa. Te susurra. Pronuncia tu nombre. Te admira y a la vez se entristece contigo. Os sentáis en la puerta de tu casa. Tienes frío y él susurra tu nombre mientras le dices que tienes miedo a perderte. Lo sabe. Ha seguido toda tu trayectoria, tu vida, tus miedos. Lo sabe todo y susurra tu nombre.

Boquiabierta sigues con miedo a perderte. De pronto sientes un cosquilleo, un sentimiento inédito, no perecedero, elegante. Él susurra tu nombre y sientes el calor de esos labios perfectos en su forma, carnosos, cómo rozan los tuyos. Tienes miedo a perderte. Inmóvil, nerviosa. Tienes miedo a perderte. Tus manos tiemblan, tus piernas se tambalean, todo tu cuerpo se llena de un escalofrío que eriza tu vello. Cierras los ojos, te dejas llevar. Él hace que te tranquilices, ahí, en la puerta de tu casa. Como una chiquilla no paras de temblar. Ahora es alegría. Sonríes. Susurra tu nombre y tú que tanto miedo tenías a perderte en la vida que tú misma has escrito. Ese guión tan profundamente editado. Esa obra de teatro creada por y para ti con su guión perfecto, se hace trizas. Por primera vez has sucumbido al arte, a dejarte llevar, a perderte. Tu estandarte. Tu miedo a perderte.

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Esta entrada fue publicada en 15 enero, 2013 por en arte, relatos y etiquetada con .

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